La PSU y el motor que te mueve

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La PSU y el motor que te mueve

4 septiembre, 2018 reflexiones 0

La PSU es una prueba a la que nos tenemos que someter todos los chilenos que queramos entrar a estudiar una carrera, para luego desarrollarnos en una profesión. En el debate sobre los alcances de este instrumento de evaluación, tengo la postura que se reproducen las desigualdades sociales por las oportunidades de acceso a una educación de calidad y los resultados que uno obtiene muchas veces no se condicen con la vocación, ya que se centra más en los conocimientos que en las capacidades y habilidades.

Quiero contarles que yo di dos veces la PAA (Prueba de Aptitud Académica). La primera vez no estaba preparada ni psicológica ni académicamente y me fue horrible. En ningún caso fue el fin del MUNDO. Ahora, con la distancia de casi 20 años creo que fue lo mejor, porque me permitió tener más claridad de lo que quería estudiar y prepararme a mi ritmo, haciéndome cargo de mi propia historia académica.

Puede ser de utilidad que, quien vaya a pasar por la experiencia de rendir la PSU, considere lo siguiente:

Sincerarse con uno mismo, ¿Doy la PSU por cumplir expectativas familiares?, ¿quiero dar la prueba? , ¿Escojo estudiar una profesión por vocación mía o por mandato familiar?. Es muy importante aclararse en esto por que la vocación va ligada a la motivación y la motivación es el motor de nuestra conducta.

Otro aspecto importante en la vocación es la emoción: me alegro haciendo qué, qué me hace sentir bien, qué actividades me hacen sentir placer. Acá todas las respuestas son válidas siempre y cuando provengan de uno mismo. A veces sucede que la familia, sin querer y pensando en el bienestar futuro del hijo, impone una vocación, una carrera a estudiar, generando una presión psicológica que puede manifestarse de muchas formas. En mi caso tuve siempre el apoyo de mi familia para estudiar psicología, ya que era muy respetada mi conciencia social y la sensibilidad de la dolencia emocional de los otros. Es una gran tranquilidad no tener la presión de estudiar algo que no mueve, que no motiva.

Cuidarse a uno mismo es fundamental para estar bien en ese momento. Tener tu espacio personal, cuidar tu cuerpo y tu mente. Darte cuenta de qué es lo que te hace bien y qué es lo te hace mal. Acá es muy importante el apoyo ambiental. Los familiares y amigos pueden facilitar o dificultar la preparación.

Planificar los estudios con criterio de realidad, es decir, organizarme con metas realistas, de acuerdo a lo que puedo y quiero hacer. Si me organizo para realizar tareas cortas y en compañía de otros que estén en la misma sintonía, puede ser mucho mejor porque nos lleva a una sensación de control que nos da tranquilidad. Me acordé de un concepto que suena raro, pero que existe y yo lo he vivido: “procrastinación”, que significa algo así como no hacer pronto lo que hay que hacer.

No evitar o negar la ansiedad asociada a rendir esta prueba, pues esta emoción es adaptativa, nos permite movilizarnos frente a algo, despertarnos y activarnos. ¿Se imaginan a alguien que no sienta ansiedad?, sería un robot. Como se puede apreciar más que “tips”, propongo pensar en estos puntos. Identificar y aceptar la verdadera vocación por uno mismo y por las personas significativas, junto a entender la ansiedad como algo positivo, nos ayuda y nos brinda coherencia, sintiéndonos más tranquilos y seguros frente a esta prueba, que es un medio para un propósito y no un fin en sí mismo.

 

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